Entra en una tienda y date una vuelta por ella. Enamórate de unos zapatos de tacón que quizás hacen juego con un bolso o una chaqueta. Pregunta por tu número de calzado a la dependienta, ya que desgraciadamente no tienes dos pies izquierdos. Pruébate esos zapatos que, reflejados en el espejo del probador, estilizan tus piernas de un modo sin igual. Dirígete a la caja para pagar y espera de mientras que introducen los zapatos en su respectiva caja y sacas la tarjeta de crédito. Firma, sal de la tienda por la misma puerta por la que entraste, y ya son tuyos.
En llegar a casa, comienzas a pensar que sí, tienes unos zapatos preciosos y un bolso a conjunto. Pero te planteas una pregunta: ¿Qué conjunto puedo ponerme con ellos? Después de una larga reflexión, llegas a la conclusión de que tienes que vaciar tu armario para encontrar el vestido en el que has pensado. Media hora más tarde te maquillas, aunque no excesivamente: no quieres que la gente te mire a la cara, sino a tus pies. Sales a la calle y saludas a tus amigas. Ninguna de ellas te mira o hace algún comentario al respecto de tus zapatos nuevos. Comienzas a pensar que esos zapatos se mancharán en breves momentos y que, después de todo el tiempo dedicado a ellos, los desterrarás al fondo de un cajón: tus piernas ya no parecen tener una figura tan estilizada con ellos.
¿Qué les ha pasado a esos zapatos? ¿O quizás era el vestido? Quién sabe... Yo te diría que no pisabas lo suficientemente fuerte, pero tampoco me encontraba a tu lado cuando bajaste las escaleras de tu casa. ¿Tú te escuchaste? De eso podemos estar seguros, y la respuesta es no. Viste como tu ego subió 16cm de la misma forma que tu propio cuerpo. Eso sí, es una pena que mirases tan y tan bajo... ¿Fobia a las alturas? Solución fácil: mira al frente y pisa con seguridad para notar por donde vas. Recuerda que los pies los pones tú, que no son los zapatos los que caminan por si solos y que por esta regla de tres, sino te oyes pisar tú misma y tapas los zapatos con la sombra de tu cabeza, nadie os mirará como merecéis (tú y tus zapatos).
PD: Rescata esos tacones del fondo del cajón y prueba a ponértelos el sábado.
